Esta perspectiva promete superar los dilemas del acceso humano a la realidad en torno a los que han oribitado las filosofías idealistas. Harman insiste en superar el carácter antropocéntrico del pensamiento filosófico y la relevancia que se ha dado al sujeto. Propone sustituir la típica dicotomía moderna entre el sujeto y el objeto por una comprensión más amplia y libre de los objetos: todo es objeto, los objetos existen independientemente de nosotros, son como sustancias autónomas que traspasan necesariamente los parámetros humanos. Más que desaparecer al sujeto, lo que se sigue es considerarlo, y considerar al ser humano en general, un objeto entre otros en la inmensidad de objetos en el mundo
Se acabó el reino de la subjetividad. La subjetividad caprichosa y fantasiosa carece de entidad moral. Ya no vale más cualquier opinión.
La realidad es difícil, como la verdad, y hasta incómoda, pero es lo que es.
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