Los últimos años enseñaron una amarga verdad; que la primacía de las interpretaciones sobre los hechos no tuvo los resultados de emancipación que imaginaban los filósofos posmodernos. No sucedió la liberación radical de las restricciones de una realidad demasiado inflexible.
Ciertamente, el mundo verdadero se transformó en una fábula, es más, se ha convertido en un reality, pero el resultado es el populismo mediático, donde –siempre que se tenga el poder– se puede pretender hacer creer cualquier cosa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario